- 3/07/2020

La crisis del coronavirus nos ha dejado un panorama laboral completamente nuevo y nos ha obligado a sacar lo mejor de nosotros mismos a nivel profesional y, sobre todo, personal. No solo hemos tenido que adaptarnos a una nueva forma de trabajo que quizá no habíamos probado hasta ahora (el teletrabajo); también hemos tenido que dar el callo en el trabajo mientras lidiábamos con el miedo y la incertidumbre propios de estos meses. Y eso, queridos lectores, no ha sido nada fácil.

Este contexto ha puesto sobre la mesa, una vez más, que las habilidades personales deben ser un punto indispensable en nuestro currículum. Al reclutador le interesa conocer nuestra experiencia laboral, por supuesto, pero también necesita saber a qué tipo de persona está entrevistando. ¿Es una persona empática, resiliente, perfeccionista, que se adapta fácilmente a los cambios? ¿Qué valor humano puede aportar al equipo?

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Competencias más demandadas tras la covid-19

Hoy vamos a centrarnos en el componente más personal de las habilidades blandas que podemos incluir en nuestro currículum.

Buena adaptabilidad a los cambios

No podía ser otra, ¿verdad? El panorama que nos encontramos en marzo y que hemos ido arrastrando durante los meses posteriores ha sido difícil, inverosímil y remotamente distinto a lo que estábamos acostumbrados. Esto ha hecho posible que, de forma consciente o inconsciente, nos hayamos visto obligados a adaptarnos a los cambios. No nos ha quedado otra. Y esta habilidad personal que hemos aprendido sobre la marcha es, precisamente, la primera que podemos incluir en nuestra sección de competencias personales. A día de hoy es la más importante.

Inteligencia emocional




Si la gestión de las emociones ya era una de las habilidades personales mejor consideradas por los reclutadores, durante los últimos meses se ha convertido en un algo imprescindible. Independientemente de que seas jefe o tengas un superior, todos y cada uno de nosotros debemos ser capaces de empatizar con quien tenemos a nuestro lado y de gestionar nuestras emociones o las del compañero, especialmente las negativas.

Liderazgo y capacidad para tomar la iniciativa

Una vez más, no hace falta ocupar un cargo directivo para ser buenos líderes en nuestro trabajo. Esto no significa que debamos tomar más responsabilidades de las que nos tocan -muchas veces vamos con el agua al cuello y resulta imposible ser multitasking- pero sí de ser autónomos con nuestro trabajo y ser capaces de tomar la iniciativa a la hora de proponer mejoras, sugerencias y nuevas líneas de trabajo.

Pensamiento crítico y capacidad analítica

Han sido muchos los bulos y las fake news que nos han asustado durante este confinamiento. Por eso es tan importante que seamos personas analíticas que contrastan la información y mantienen la calma antes de llegar a una conclusión. La objetividad y la capacidad analítica son vitales para tomar decisiones y evaluar los conflictos con la perspectiva suficiente.

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Capacidad de aprendizaje continuo

Vale que no siempre podemos permitirnos estudiar un Máster o un posgrado que nos permita reciclarnos profesionalmente, pero basta con estar al tanto de las últimas novedades de nuestro sector, leer a expertos en materia y, si nos lo permite nuestro tiempo y presupuesto, realizar algún que otro curso de especialización que nos permita adquirir nuevas competencias o reforzar las habilidades que ya teníamos. Todo este aprendizaje podremos reflejarlo en nuestro trabajo futuro.

Compañerismo y espíritu colaborativo

¿Obvio, no? Independientemente de que cada miembro del equipo de trabajo cuente con sus propias funciones y tareas, la empresa no deja de ser un barco en el que todos han de remar en la misma dirección, echando un cable al compañero siempre que sea posible.

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